martes, 1 de septiembre de 2015

Unamierdapinchaenunpalo


Unamierdapinchaenunpalo. Nos doblamos de la risa, no por la expresión, sino por la forma en que lo dijo, señalándome con el dedo y así todo de seguido, como lo escribo.

- Como no vengas eres unamierdapinchaenunpalo. Y dejaré de hablarte, que lo sepas.
- Jajaja, joder macho, como te pones.
- Ni como me pongo ni hostias, ya lo sabes.

Kilómetros y kilómetros, arriba y abajo todo el verano. He quemado hasta las ruedas, de hecho las tuve que cambiar. Pero bueno, allí estaba, ¿lucecitas y banderines? Bah, da lo mismo, vengo a emborracharme.
Quería llegar, tengo que reconocer que esa tarde esperaba algo…, no sé, no sé porque lo esperaba, pero no pasó nada. Quizás sea mejor así.

Y empezamos… y que mejor para empezar que algo de grasa, para lubricar el cuerpo, no podía ser de otra manera. Panceta, choricitos, morunos y morcillitas. Venga, to pa dentro.

- ¿Qué? Parece que tienes hambre… ¿no te han dado de comer este verano?
- Ceno mal últimamente.
- Pues venga dale, a ver si engordas estos días…, espaleti.

Me gusta asomarme a la puerta, ver a la gente de un sitio a otro. Notar y sentir el ambiente después de tantos años.

- ¡¡Ehhhh!! ¿Qué pasa? Pásate luego a tomar un pelotazo ¡mangurrian!
- Vale trastornao, luego voy.

Para ver al trastornao, tengo que pasar por delante. Por delante de recuerdos, por delante de miradas.

- Hola Olga, ¿Qué tal?
- Quique… vida… ¿eres tú?
- Jajaja, sí claro, soy yo.

Seguía llamando vida. Seguía teniendo mucha vida. Y seguía hablando con esa rapidez y desparpajo, con esa fuerza, que me hacía sonreír. Tan encantadora como siempre.
Hay otras miradas, pero es mejor pasar de largo, no saludar, con la mirada lo dices todo. Dices el cariño que sientes.

- ¿Qué pasa trastornao? Buenas noches a todos.
- Buenas noches cabronazo de mierda.
- Joder, como os cuidáis, ¿no?
- No vamos a ser como vosotros, ¡no te jode! Aquí cenamos calidad, no como otros muertosdehambre.
- Jajaja, eres un zampabollos, ¿no ves cómo te estas poniendo?
- No me vengas tocando tú también los cojones, ¿Qué bebes?
- Ron. Cacique. ¿Tenéis?
- Pues claro, toma barlochi.
- Gracias. Oye, ¿y mi camiseta?
- Ala venga, ya estamos, no tienes lo que hay que tener.
- ¿Tú crees?

Soy sincero, me puse muy chuzo. De estas veces que vas como en una nube, que te descojonas vivo. Saludando y pululando de un sitio a otro. Pero chica… ¡que nos van a mirar todos!, ¡upss…! Jajaja ¡no te vayas aún!
¿Qué sería de unas buenas fiestas sin la correspondiente y casi siempre divertida pelea popular? Se va a liar… ¡patas arriba! la mitad del baile por los suelos, ¡me cago en Dios!
A ver… digo divertida, porque solo unos minutos después ya te estas riendo.
Lo más cojonudo fue ¡lo mato! y ese tío rebotando y deslizándose por el asfalto, él solito oye, sin ayuda de nadie. Alpasandías, tragacervezas, se puso de medio lado y se levantó como pudo. Aún me descojono.

Tengo que reconocer que dormí como un bebe. Tengo que reconocer que es relajante sentir que puedes dormir, saber que nada, ni nadie, molestarán tu descanso. Que puedes levantarte a la hora que te salga de los mismísimos cojones.

Me desperté. Me fui a levantar y gemí del dolor. Joder… me dolía el cuerpo entero. Sentía los brazos entumecidos, sería de sujetar, entre otros, al alpasandías, o también de sujetarme a mí, ya ni me acuerdo. ¡Clac! Era mi rodilla… sonó al levantarme de la cama. La miré. Estaba hinchada la pobre y me dolía. Sería de los saltos del baile, de caer mal, será que me hago viejo…, será gota… ¿gota? ¿¿gota?? Estas grillao tío…

Me levanté con la duda. Tanto alcohol…
Aproveché un watsap de Pablo preguntándome que tal, para hacerle la consulta.

- Oye tío, ¿tú crees que será gota?
- Si, sin duda, háztelo mirar sin falta.

Mecagoento… Salí a la calle y me cruce con uno de mis primos.

- Debe ser gota macho…
- Jajaja, ¿pero qué dices? ¿quién te ha dicho eso?
- Joder yo que sé, alcohol, grasa, articulación hinchada…
- Jajaja, ¿con tu peso y edad? Y además la gota empieza por el dedo gordo del pie.
- ¿Ah sí?
- Si… qué harías anoche…

¡Bien! ¡No tenía gota!, ¡yupi! dolorido pero sin gota. Conteste a Pablo, se descojonaba de la risa. Vamos a tomar algo.

Esa morena apoyada en la pared. Sonriendo con sus gafas de sol. Y yo con las mías.
Me suena… me está mirando. Lo sé. Se nota. Esta sonriendo y me está mirando tras los cristales, como yo la miro a ella. ¿La conozco? Esto es raro…
Me fijo en ella. Tatuaje en el tobillo. Morenaza.
Se acerca, se está acercando, se planta delante, sonriendo, se quita las gafas de sol.

- ¿Eres Quique verdad?
- Pero… Rebeca…

Me abrazó y me plantó dos besazos en las mejillas, de estos que suenan.
Siempre, siempre, siempre con esa sonrisa en la cara.
Mi mente viajo en el tiempo…

- Joder, llevo un rato diciéndome que me sonaba tu cara…
- Ya, yo igual. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿veinte años?
- Pues si… por ahí, veinte años…
- ¿Qué tal te va guapo?
- Sigues igual… igual de guapa…

Nos quedamos mirándonos, a los ojos. Nos dio por reír, agachamos la cabeza.

- Me ha encantado volver a verte, de verdad.
- A mí también Quique.
- ¿Sales luego? Sal y nos tomamos algo.
- Gracias… pero no, no creo…
- Ya… bueno, entiendo, como quieras.

Nos volvimos a abrazar. Puso su mano en mi cara y volvió a darme esos dos besos. Note su cariño. Note que se acordaba. Adiós Rebeca. Adiós Quique.

Me he paseado entre ellos. He paseado con ellos. Te ven venir y huyen a tu paso, son ellos los que huyen de ti. Me gustaban aquellos que estaban solos y te miraban fijamente, sin inmutarse, quizás, incluso, entendiendo todo, ¿Por qué no?
Y luego… Es increíble, es su sangre. Sinceramente los amo.
¡Corred chicos corred! Su primer encierro. Los dos traspasaron las rejas y, aun así, siguieron corriendo como alma que les lleva el diablo. Me partía de la risa.

Hamburguesas. Dos. Tenía hambre.

- No… si al final el espaletillao nos engorda…
- Jajaja, que quieres macho, tengo hambre.
- Hay tarta también.
- ¿Tarta? Mmm ¿de chocolate? ¡rica!

Suele suceder que si la noche anterior te has cogido una buena cogorza, no te apetece mucho probar el alcohol, pero claro, rodeado de ¡aleostiascopon!, pues eso, le das otra vez, te entra ya como si fuera agua.
Era momento de relajarse y compartir momentos y risas con la Comunidad.
Algunos de ellos se les notaban ya un poco agotados. El enano se arrastraba andando, al Rey se le notaba en la cara y el elfo estaba desaparecido en combate.
Quería animarles, aunque sabía de su fuerza. Va, con tres pelotazos como nuevos.

Cada vez más gente. Y más. Todo lleno. 3, 4, 5, 6… madrugadas, perdiendo ya la cuenta de los fresquitos. Aunque llega un momento que te entra el bajón y tu cuerpo te pide descanso. Abrí la ventana y me quedé escuchando las voces y risas de los últimos borrachuzos, escuchando a mi lechuza al fondo del valle. Duerme Kike duerme...

 
Cafecito rico por la mañana. Tranquilamente. Aún me duele la rodilla, pero ya no está hinchada. Ya no recordaba esa sensación, esa imagen, de estar con el café en la mano viendo correr a los toros desde la ventana, sin importarme nada más.

La tarde la dedique a dormir, sabía que por la noche no lo haría.

Otra noche de grasa y fresquitos. Has acabado con el cacique busi…

- Oye, ¿pero esto es la puta música que gusta ahora?
- Eso parece. Y que sepas que así no se baila.
- ¿Ah no? ¿pues cómo?
- Moviendo la mano así.
- ¿Así? La madre que me pario…

Me acerqué al Elfo. Alto. Fuerte. Joven y guapo. Aun así supe que la mierdapinchaenunpalo era él en esos momentos.

- ¿Qué tal? Te veo mala cara…
- Estoy machacado tío.
- Ya… lo sé. Cansancio mental, que es peor aún, que te agota.
- Pues sí.
- Anímate. Baila con tu chica joder.
- ¿Bailar? Que dices macho, que va.
- Pero… ¿tú te piensas que te están mirando? ¿tú te piensas que alguien está pendiente de ti?
- No lo sé…
- Jajajaja, pues que sepas que no. Olvídalo. Disfruta. Te lo mereces.
- Gracias Quique.
- Cállate anda, invítame a un fresquito y cambia ese careto, que pareces un portero de discoteca.

No había paredes, puertas ni ventanas capaces de aguantar aquel ruido. Retumbaba dentro, fuera, en todas partes. Tenía claro que esa noche los iba a acostar a todos. Iban cayendo de uno en uno. Miré atrás y me encontré con el primito trastornao. Los dos llevábamos ya unos cuantos encima.

- Así no se baila zopenco.
- ¡Anda ya! No tenéis ni puta idea de mover el cuerpo.
- Jajajaja, ¿y tú si no?
- Pues claro, no valis pa na, ¡pa na! ¡Lastimosos!
- ¿Ah no? Te hago una apuesta tontarrio.
- A ver… ¡qué sabes que te gano!
- Me quedaré hasta el final y me subiré al escenario, cogeré el micrófono y diré que por mis cojones nadie se acuesta hasta que se haga de día, que si yo no duermo, los demás tampoco.
- Jajajaja.
- A cambio, tú iras a por churros para todos, para desayunar.
- ¡Hecho! ¡Por la madre que me pario!
- Jajajaja.

Más madrugada. Miraba atrás y allí seguía el trastornao, moviéndose como eso mismo, riéndose y guiñándome el ojo. Joputa…
Miré adelante, miradas y más miradas. No te reconozco. ¿A éste…? Es que no le has conocido antes. Pero ya no es el momento. Más madrugada. Miré atrás. El trastornao había desaparecido, verás mañana cuando le vea.
Me di cuenta que me había quedado solo. No era la primera vez. Ni sería la última.
Me fume el último cigarro. Solo tuve que andar unos metros y dejarme desplomar. Esto se acaba chicos, nos tenemos que ir. Y se acabó. Silencio total.

Al día siguiente tuve camiseta nueva y churros para desayunar. Sonreí...

- ¿Ya te vas hombre?
- Sí, hay que volver. Algún día me quedaré, pero aún no.
- Repetirás el año que viene, ¿no?
- Ya veremos…
- Descansa, nos vemos.
- Nos vemos si, descansad vosotros, hasta la próxima.

 

martes, 21 de julio de 2015

Me invaden


Duermo. Pero no descanso.
Es como si todo aquello que lucho por mantener fuera de mi mente durante el día, aprovechara la noche. Como si todo el día estuvieran acechando, implorando que llegue la oscuridad para entrar.
Aprovechan cuando el guerrero duerme, cuando el guardián cierra los ojos, agotado, para invadir. Se agolpan a las puertas y entran masacrando todo.

Me desperté. No conocía esa habitación, ni esa cama. No sabía nada. No sé nada.
Me levanté y recorrí un pasillo largo. Estaba oscuro, pero, no sé porque razón, sabía dónde me dirigía.
Me acerqué en silencio, hasta un sofá. Estaba durmiendo. Podía divisar su silueta.
Me quedé mirando. Alargué mi mano. Y la toqué. Y la retiré rápidamente, no porque estuviera fría como la muerte, no porque quemara como el fuego, la retiré, sencillamente, porque me estremeció rozar su piel.

Podía sentir. Oía su respiración. Oía mi corazón. Volví a alargar mi brazo, mi mano, mis dedos, bajando por su brazo, desde su hombro, hasta su muñeca. Podía sentir.
Aparte su melena muy lentamente, no quería despertarla. Ronroneó entre sueños.

La cogí entre mis brazos y la llevé a la cama. Seguía dormida.
La tumbé. Yo detrás. El silencio era absoluto.
Duerme… duerme por favor. Y tú despierta… despierta por favor. Pero no.
Su espalda… con gotitas de sudor. Acerqué mis dedos, deslizando. Podía sentir.
Desde su nuca, bajando por su columna. Sentía su piel. Las yemas de mis dedos sentían su piel.

Se despertó. Yo quería que durmiese, pero se despertó. Yo quería despertarme, pero seguía soñando.
Se dio la vuelta. Y me besó. Me besó. Nos besamos.
Y oía risas al lado ¡uy! Si se están besando…
Y seguimos besándonos. Y sentía su boca.
No me importaban las risas. No la importaban las risas. Porque también nosotros nos reíamos.
Y se puso encima de mí. Tócame. Muévete. No me pertenecía. No la pertenecía.
Nos daba igual todo. Era deseo. Solo era deseo de abrazar. Suspiré.

miércoles, 8 de julio de 2015

Quemando


Hace un calor insoportable y tengo una sed insufrible. Ardiendo.
Que mejor momento para ver consumir ciertas cosas en el fuego, haciéndose cenizas.
Que mejor momento para beber sin parar y saciar esta sed.

Me he puesto en primer lugar a quemar papeles. Me he puesto delante de la chimenea y me he puesto a quemar. Papeles, algunos escritos, otros a medio escribir. Debería haber quemado también algún libro, pero he pensado que quizás alguien, algún día, lo pueda leer.
He quemado papeles, con sus palabras y con sus letras. Palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras y palabras y más palabras, que no sirven absolutamente para nada.
De hecho no se ni porque estoy escribiendo esto.

He quemado también recuerdos. Me he quedado solo con los dolorosos, para no volver a caer en ellos.
Los bonitos ya me quedaban pocos, mejor, menos trabajo. Vale... ¡lo reconozco!, alguno he dejado.
Los he cogido, arrugado y han ido a parar al fondo de la chimenea. Como casi ni se acordaban de mí, han desaparecido rápido entre las llamas.

He quemado ilusiones y fantasías. Como en las noches de Disney.
Es mejor quemarlas, pues son crueles y sólo sirven para sufrir al despertar. Que sufran ellas también un poco mientras se retuercen entre las llamas.

Lo mejor de todo es que he quemado sueños. Ha sido lo más emocionante y, sin duda, provechoso. Los he ido sacando de mi corazón, unos han salido por su propio pie, a otros los he tenido que arrastrar. Los he calmado y consolado antes de matarles, total, les he dicho, así lo habéis querido, al parecer sois imposibles de alcanzar, por lo tanto, no vais a sufrir.

Así, sin papeles, recuerdos, ilusiones, fantasías ni sueños, uno se convierte en uno más, en uno de aquellos que va sonriendo por la calle, que no tiene ni puta idea de por lo que sonríe ni le apetece hacerlo, pero que, al menos, lo hace y aparenta ser como el resto.
Van consumiéndose y desaparecen como humo.

Lo he hecho porque, en el fondo, soy un envidioso. Envidioso de aquellos que viven sin papeles, recuerdos, ilusiones, fantasías ni sueños. Son afortunados.
Lo he hecho porque mi corazón me ha dicho basta.

Con tanto fuego tenía la garganta seca.
No pensé que sería tan fácil. Nunca pensé que me encontraría con el manantial tan de repente. Jamás pensé que fuera un agua tan prohibida y oscura, pero tan fresca y dulce.
En la vida llegue a pensar que pudiera quemar tanto. Quemando.

viernes, 12 de junio de 2015

KIKE "POTTER" Capítulo XIII

Hacía una solana inaguantable y las chicharras hacían un ruido que inundaba el ambiente. Y el tipo de la gasolinera nos observaba desde dentro con cara de ¿Qué cojones hacen estos dos ahí?

-          A ver… ¿me estas queriendo decir que la esposa lo sabía todo?
-          Eso parece.
-          Entonces ibas a tener doble trabajo, el asunto se te complicaba.
-          No exactamente.
-          Joder explícate.
-          Él le contó una milonga.
-          ¿Qué tipo de milonga?
-          Algo así como que había confiado en mí la gestión de todos lo suyo y que yo le había estafado y que, además, le amenazaba con hacer daño a él y su familia sino me pagaba rápido.
-          ¿Eso te contó?
-          Más o menos…
-          ¿Más o menos?
-          Estaba asustada y perdida… eso parecía.

¿Por qué dice Usted que me tiene pánico?
Porque me dice que Usted quiere arruinarle y que incluso le amenaza…
¿Arruinar yo? ¿Amenazar yo?
Miré… seré franca con Usted.
Dígame.
No me importa nada de lo que le pase. Ha destrozado mi vida y lo único que deseo es que se aleje de mí, incluso, como Usted, he pensado en matarle.

-          Vaya con la llorona…
-          He de reconocer que me puse en guardia. Lo que parecía una esposa aturdida y dolida, se estaba convirtiendo en un problema, ¿o no? ¿quién sabe?
-          El tema se te iba de las manos, deberías haber abandonado la operación.
-          Puede ser, pero otro cualquiera no hubiera dudado.
-          Tú y tus dudas…
-          Necesitaba saber más.

Señora… ¿de dónde saca Usted esas ideas? Mi despacho únicamente ha mantenido negocios con su marido, nada más. No sé dónde quiere Usted ir a parar, pero explíquese y rápido.

-          Para mi sorpresa, cogió la tía, se encendió un cigarro, cruzo sus piernas con ese vestidito que me llevaba… lo reconozco, no pude evitar mirarla… y me miró a los ojos.
-          Jajaja, vamos, utilizando sus armas…
-          Tenías más, te lo aseguro…
-          Venga, sigue.
-          ¿Y si vamos a comer a algún sitio? Algún sitio más cómodo.
-          ¿Dónde nos vimos la primera vez?
-          ¿Te gustó?
-          Me encantó…
-          Pues venga, vamos.

Nos pusimos los cascos. No veía sus ojos, ni siquiera su cara, pero sabía que me estaba mirando. Y ella sabía que yo la miraba a ella. Nos quedamos así unos segundos. Se me ocurrió la idea fugaz de volver a quitármelo y que viese como la miraba. Quizás ella pensó lo mismo.
Montó en la moto y arrancó. Me quedé mirando. Volvió la cabeza. No aceleraba. Me monté yo, despacio, me acoplé detrás. Esta vez puse mis manos directamente en su cintura.

Aparcó la moto en una callejuela próxima, nos quitamos los cascos y nos miramos. Sonreímos. Como dando a entender ambos que recordábamos la situación anterior.
Llegamos a aquel Restaurante escondido, perdido en aquel callejón de aquel casco viejo. Tuvimos suerte y pudimos tener mesita para los dos. Pedimos un par de cervezas.

-          ¡Ufff que calor!
-          Se pega en la piel si…
-          Joder pues sí, estoy empapada, ¡qué asco!
-          Aún no sé ni cómo te llamas…
-          Jajaja, ¿a qué viene eso ahora?
-          Joder porque es así, tú sabes todo de mí y yo, en cambio, nada de ti.
-          ¿Todo? No sé nada…
-          ¿Cómo quieres que te llame al menos?
-          ¿Cómo te gustaría llamarme?
-          Jajaja, eh… bueno, lo pensaré mientras comemos.
-          Jajaja, ¡vale! Venga, continua con tu historia con Marisa…, porque pasó de María Luisa a Marisa…, vamos, como si lo viera.
-          Jajaja, no, no fue así exactamente.

 
Durante un tiempo participé de los “negocios” de mi marido.
Es normal señora, es su esposo, pero no me ha contestado y le repito: hágalo, ya.
Tranquilo… le repito yo a Usted que le deseo lo peor.
Yo no deseo lo peor, mi trabajo es concluir los negocios que tenemos con él.
Los negocios ya están concluidos guapo, tu trabajo ya está hecho.
¿Cómo dice?
Dime, ¿De cuánto dinero en efectivo puedes disponer? Porque sé que puedes…

-          ¡La madre que la parió!
-          Me estaba dejando sin defensas sí…
-          Jajaja, de verdad… ¡Loba!
-          Jajaja, el caso es que…
-          ¡Tendrías que haberte ido y dejarla con la palabra en la boca!
-          Pero no lo hice. La miré a los ojos sin pestañear. Contuvo mi mirada, hasta que no pudo más y la bajo. Esa fue la señal para entender que, en parte, todo era fachada y estaba perdida.
-          No me digas que se puso a llorar otra vez… ¡no me lo creo!
-          Jajaja.
 
Señora, yo no dispongo de dinero en efectivo… ¿Qué quiere de mí?
Entiendo tus dudas… puedes… cachearme si quieres… comprobarás que no llevo nada oculto… ni micros ni armas… nada.
No tengo porque cachearla señora, pero esta situación no es normal.
Por favor… vale ya… ¿sabes? A mi marido le encantaban los tomates raf.
¿Encantaban?
Sí, encantaban. Tenemos… en la parcela de nuestro chalet… un pequeño huerto. Y por las mañanas siempre le gustaba comerse uno o dos.
¿A qué viene todo esto?
Necesitan fumigarse, por los mosquitos ya sabe, aquí hay muchos, pero no mucha cantidad, la justa. Hoy me levante antes que él y los rocié bien de veneno, a él le gusta comérselos así, nada más cogerlos, sin lavar. Se comió tres. Esta mañana. Se empezó a sentir mal y le he dejado tirado en la cocina, muerto.

-          Te estas quedando conmigo… ¿no?
-          Algo parecido la dije yo a ella.
-          Hija de puta…
-          Reconozco que en todos mis años jamás había tenido una situación así.
-          ¿Qué hiciste?
-          Era el momento de dejar la farsa y hablar claro.

¿Por qué no ha llamado a una ambulancia? ¿Se ha asegurado de su muerte?
Jajaja, cariño… deseo que muera… por eso no la llamé. Y si, está muerto.
¿Por qué lo ha hecho? ¿Por qué me cuenta esto a mí?
Porque le odio, porque ha destrozado mi vida, ya se lo he dicho. Y te lo cuento, porque hace tiempo que le expiaba y claro… apareciste tú.
¿Qué sabe de mí?
En realidad poco. Lo suficiente.
¿Y cuál es nuestra situación ahora?
Necesito dinero… sólo… sólo quiero rehacer mi vida. Desaparecer y empezar… Por favor, te lo suplico.
Mereces rehacer tu vida… no sé cómo, pero lo mereces, todos lo merecemos.
Gracias…

-          Se levantó. Me miró. Se acercó lentamente y me empezó a comer la boca. Me di cuenta que estaba ardiendo…
-          La madre que la parió… ¡y a ti también!
-          Si hubiéramos estado en cualquier otro sitio, me hubiera violado directamente.
-          Asesinato y violación el mismo día… que tía…
-          Jajaja, la cabeza me daba vueltas. Pensé que estaba con una perturbada.

¿Pero porque hace esto señora?
Lo deseaba nada más verte, perdóname, por favor.
No hay nada que perdonar…
¿Qué podemos hacer…? Ayúdame...

-          Tenía que decidir. Era todo tan raro. Debía asegurarme de todo aquello, pero no sabía cómo hacerlo. Me di cuenta que estaba hundido en el fango y que no había vuelta atrás.
-          ¿Qué hiciste?
-          Has visto Pulp Fiction ¿no?
-          Sí claro, me encanta.
-          Pues hice de lobo.
-          Jajaja, Kike…
-          Por cierto, ya he pensado como llamarte.
-          ¿Ah sí? ¿Cómo?

Me quedé callado, mirándola. Sus ojos me miraban chispeando, como una niña esperando un regalo.
Deseaba, más que nunca, acercarme y volver a infringir las reglas.

martes, 9 de junio de 2015

Aprendíz de caballero


Era el más fiel. No pronunció ningún juramento, así pudo ser libre.
Dio esperanza a los hombres, pero ninguna guardó para él.
Ni siquiera una última torre, ni ave que acudiera a darle la bienvenida.
Porque al contrario que sus hermanos, no buscaba el poder ni las joyas. Sólo trajo tesoros para ofrecer y ayuda para entregar.
Porque sólo buscaba pasear por los bosques.

Corazón puro y noble. Podría haber sido el Rey que trajera la paz a la Tierra.
Dio esperanza a los hombres, pero ninguna guardó para él.
Ni siquiera una última isla, ni ruiseñor que le cantase.
Porque donde más se manifiesta el mal es en las dudas que forja en la gente de bien y él, amante de la libertad, solo miraba fijamente a los ojos.
Porque sólo buscaba que los corazones entendieran.

Abandonado y maltratado. Nunca quiso pedir ayuda, pues creía en el amor.
Dio esperanza a los hombres, pero ninguna guardó para él.
Ni siquiera un último castillo, ni princesa que sanara sus heridas.
Porque veía caer, uno a uno, a sus guerreros y él, solo en el borde, aguantaba las embestidas y se reía a carcajada limpia.
Porque no tenía miedo a caer en el abismo.

Caído y pisoteado. Muerto. En su rincón.
Dio esperanza a los hombres, pero ninguna guardó para él.
Ni siquiera una última mano, ni aliento para darle vida.
Porque el olvido existe y ya todos olvidan y él, en cambio, tiene la memoria intacta y el alma, su alma, es libre.
Porque al fondo del abismo puede llegar la luz.

Salvó la vida, no la suya, sino la de otros.
Dio esperanza a los hombres, pero ninguna guardó para él.
Ni siquiera un último encuentro, ni abrazo.
Porque, aún muerto, alzó su puño y la luz se reflejó en el anillo y así, al menos, pudo tener algo de paz.
Porque lo que se canta, jamás le ocurrirá a él.


Aprendiz de caballero. 
Soñador sin esperanza guardada. La dio toda.

lunes, 1 de junio de 2015

Ruwat


Empezó a sonar el violín. Estaban ensayando, anocheciendo. Me senté apoyado en la ventana, me encendí un cigarro y noté como mi alma se apaciguaba.

La gente me saludaba, pero quería estar solo. La gente me hablaba, pero quería estar solo. La luna ya había salido, pero quería estar solo. Desde la ventana alcanzaba a ver la vega, hasta el río y las montañas, pero quería estar solo. Solo quería escuchar ese violín, hasta que llegase el alba.
Allí sentado, escuchando, me di cuenta de muchas cosas, el puzzle se cuadraba, todo es un círculo. Porque me encantaba esa voz, pero más aún ese violín. Era como si casi 20 años de mi vida estuvieran pasando por delante de mí.

Cómo si muchos de aquellos personajes aparecieran de nuevo, como si hubieran muerto y hubieran vuelto a la vida, quizás haya sido así. Y recordé muchas noches en el Caronte, con todos ellos, bajando la chapa del bar como en la Teta Enroscada, con nosotros dentro, hasta las tantas, hasta que amanecía, mordiéndonos.

Y a los cool les encantaba la música, ensimismados, me entró la risa mirándoles.

Y es raro... “gracias por venir…” “gracias a vosotras” “hola, ¿nos conocemos?” “se quién eres, pero tú no me conoces a mí, eres muy joven”. Ojitos.

Perdona, eres Quique, ¿no?
Sí.
Me sonaba tu cara… sigues igual, pero tus facciones se han endurecido.
Jajaja.
¿De qué te ríes?
No…, nada, me han dicho muchas cosas, pero que mis facciones se han endurecido…
Es verdad.
Te creo.

Me puse atrás. Quería estar adelante, pero no quería poner nervioso a nadie. Mejor así. Con mi botella de ron.

Pero, ¿dónde estás muchacho?
En el concierto.
¿Con los perroflautas?
Claro, hay que empezar a codearse con el poder.
Jajaja, no… si en el fondo te gusta…
Me gusta esta música.

Y entre risas, ron y violín, estaba en paz. Y pensé que hubiera sido de mí. Y en el fondo me dio envidia porque estaban creando magia, aunque también pensé que yo también lo intentaba con mis palabras. Que la música era para ellos, como lo que escribo es para mí. “Sólo quiere dar música a sus poemas”. Sonreí.

Y llegó el descanso y la voz se me acercó “sigues cantando igual de bien…” “gracias… me gusta más cantar para pocas personas, me siento más cómoda” “bueno, tampoco hay tanta gente”. Y como hacía siempre, no pidió un cigarro, sino que me quitó el mío de mis manos para darle unas caladas. La diferencia es que no deseaba que me lo devolviese. “Quédate con él” “Gracias Quique… vuelvo para el escenario”.

Me acerque despacio. En la oscuridad. Solo para tener un recuerdo. Y volví atrás a seguir riéndome con los fondos reservados, con mi botella de ron.

Quería que siguieran tocando, pero también quería charlar y compartir recuerdos y risas. Y como suele suceder, me encontré con ellas de repente en la barra, sin buscarlo, casi sin quererlo.

Dos generaciones, tan parecidas como que eran familia. Teniéndolas delante, me di cuenta que todo era mentira, que todo era verdad, que el mundo gira y te encuentras de bruces en el mismo sitio.

Ese violín que me hubiera gustado escuchar hasta el alba, “Me encanta como tocas el violín” “Ah… ¿Sí?” “Sí, me ha hipnotizado, de verdad” “Uy… no sé qué decir… ¡gracias!” “Jajaja, a ti”.

Y esa voz que ni ella era consciente de lo buena que era, “¿Qué tomas?” “Ron con coca, ¿Y tú?” “Ponme otro para mí…” Por un instante, vislumbre las mismas señales y miradas de antaño. Déjalo pasar, no te vayas Kike, pero déjalo pasar.

¡Ey! ¡Que empiezan los vecinos!, versionando canciones españolas. Joder que mal canta el colega. Ya, pero es divertido.

Y la música terminó. Y los fondos reservados se empezaron a poner pesaditos. Y al alba, aunque me miraba, la cercaba la noche. Me di cuenta que ya no hacía nada allí. Que ya lo había consumido todo. Me escabullí sin mirar atrás.

¿Ya te vas?
Sí.
Bueno… encantada de conocerte.
No dejes nunca de tocar ese violín, sigue…, tienes toda la noche para ti, Alba.





Kike Potter. Capitulo Final

¿Y tú? ¿Y de ti? ¿Quién se preocupa por ti? ¿Quién te cuida realmente? Me gusta conducir solo. Puedo poner la emisora de radio que qui...